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César Robles: Una energía del tejido cultural

César recuerda que, desde chico, en Panamá se comentaba que “no se podía vivir del arte”, así que, al crecer, intentó enfocarse en el “trabajo serio” hasta que, con el pasar del tiempo, se percató de que no solo podía profesionalizarse en lo que realmente le gustaba, sino también vivir de su pasión: el teatro


Dulce Pérez Colmenárez. Fotos por Juan Vírgüez


César inició un encantador recorrido para descubrir y descubrirse. Viajó a Madrid, España, como parte de un programa de formación de diseñadores escénicos de la Agencia Española de Cooperación Internacional, la cual le dio la oportunidad de vivir una experiencia cautivadora a jóvenes de once países diferentes. “Aquí entendí la validez y la importancia de todas las disciplinas escénicas y no solo de las clásicas”.


Años más tarde se trasladó a Las Vegas, Estados Unidos, donde vivió una historia completamente diferente. “Allí llegué cuando ya me había rendido de Panamá, pues me había cansado de no poder crecer como artista y de que, después de tantos años, siempre se debía empezar desde cero con cualquier proyecto artístico. Yo me había ido para no volver: ni al país, ni al teatro, pero, justo cuando me iba a limpiar mesas en alguna otra ciudad, el Stagecraft Institute of Las Vegas me ofreció una beca (yo los había conocido unos años antes, producto de un programa de intercambio del Kennedy Center y el Departamento de Estado de los Estados Unidos). Fue como un respiro, y me volví a enamorar de las posibilidades del teatro y de todo lo que puede ofrecer al público”.

“Mi familia siempre ha sido muy cercana al arte, y entiende la importancia de que uno se dedique a esta profesión”

En Estados Unidos, logró quedarse trabajando en una empresa internacional como técnico de espectáculos. “Por primera vez, podía colocar ‘técnico de teatro’ en mi documentación legal y nadie se extrañaba”. Fue así como César se convierte en un gran profesional, tomando de Madrid la validez de las diferencias en las puestas en escena desde una orientación artística; y de Las Vegas su enfoque sobre comunidad, resiliencia y profesionalización en las artes.


A pesar de que estaba fuera del país, “nunca me desconecté del todo y venía periódicamente a trabajar en algunos montajes, por lo que siempre compartí ideas e información con diferentes gestores culturales de acá. Estando todavía en el extranjero, me ofrecieron la subdirección de cultura del Municipio de Panamá y me pareció una oportunidad interesante, así que decidí regresar. Me quedé en la alcaldía un par de años y, luego, Janelle Davidson me llamó para que me uniera a su equipo de trabajo en el Instituto Nacional de Cultura (actual Ministerio de Cultura) como asesor en sus proyectos escénicos. En aquel entonces, se trabajaba en la construcción de La Ciudad de Las Artes, y las restauraciones del Teatro Nacional (TN) y el Teatro Balboa —este último no se realizó porque no podíamos tener dos teatros cerrados a la vez—, pero debido a la premura de la fecha de apertura del TN, me fui enfocando más en ese proyecto que ya entraba en su etapa de equipamiento”.


Durante este proceso de restauración, a César le sorprendió muchísimo el cariño y admiración que despierta el edificio en el público no teatral. Además, el proyecto le pareció cautivador por su magnitud y visión. Aunque, lo más curioso, era que no se iba a quedar en él. “Tenía una oferta para trabajar como técnico en una empresa circense con base en Montreal, Canadá, y estaba esperando que abrieran el TN para irme a Europa al proceso de audición”.


Sin embargo, algunos amigos le sugirieron que aplicara para algunos de los puestos que se iban a abrir con la reapertura del TN. “Me decían que, debido al tiempo y cariño invertidos en ese proyecto, no podía existir nadie en ese momento que tuviera tanta información histórica y técnica del edificio como yo, pero eso significaba volver a posponer mis planes en el extranjero. Así que lo pensé y, al final, me convencieron”.


De esta forma, César aplicó a la dirección artística del TN para posteriormente desarrollar producciones y colaboraciones multidisciplinarias como lo hizo con Las flamencas de Lorca, primera producción creada expresamente para este recinto. “Nos pareció que podía ser un buen experimento: llevar personajes clásicos literarios al lenguaje del flamenco, respetando el lenguaje artístico de ambos mundos”.


La pieza fue un éxito rotundo, por lo que se tiene pensado continuar con las colaboraciones. “Además de proyectos nuevos, seguimos desarrollando las Experiencias en El Nacional, donde el público puede conocer más sobre la historia del TN y ver un espectáculo artístico (lo hemos hecho con flamenco, folklore y ahora ballet, pero seguimos desarrollando otros géneros), y queremos seguir abriendo espacios para artistas y géneros escénicos de pequeño y mediano formato, a fin de garantizar una oferta de calidad para la mayor cantidad de públicos y artistas posibles”.


Gracias a la experiencia acumulada durante estos años, César ahora analiza que la industria cultural y de entretenimiento del país debe tener definidas políticas claras y planes a largo plazo. “Mientras las cosas cambien periódicamente, dependiendo de gustos e intereses personales, constantemente vamos a tener que volver a empezar desde cero y así no se construye un futuro”.


Por los momentos, se erige una meta clara: “Hacer del TN un espacio que pueda potenciar el trabajo de artistas nacionales, que estimule la creación y promueva el desarrollo de proyectos que conecten con nuestras comunidades”.




Síguelo en:

@Cesrobles

@teatronacionalpanama

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