
“En los negocios, las relaciones son
la verdadera moneda”

Por Dulce Pérez Colmenárez | Fotos por Luis Gómez (@gomezsufilms)|
Locación: Ocean Reef Islands | Contacto del entrevistado: @javieragustinp
Desde la profundidad de una visión disruptiva, este empresario redibuja los límites del lifestyle, la alta gastronomía y el mundo corporativo internacional. Tras consolidar decenas de conceptos en tres países y trazar su próxima expansión hacia Brasil y Argentina (sin perder de vista sus raíces en Venezuela), hoy nos exterioriza cómo la cercanía, la autenticidad y los lazos humanos superan cualquier estrategia de capital. Esta es la crónica del visionario que transformó un limón en una lección de negocios, un auto rojo en una teoría de percepción y una amistad en la llave para conquistar una potencia mundial

Antes del lenguaje de los números y los éxitos, Javier comienza esta entrevista con un limón sobre la mesa. No busca que evoquemos una imagen estética, sino formular una advertencia crítica: la mayoría de los acuerdos fracasan, porque parten este fruto por la mitad en lugar de descifrar qué busca el otro.
Gracias a esta metáfora, nos confiesa que prefiere la pregunta oportuna, la escucha paciente y la transparencia a la hora de relacionarse. Por ello, la historia de su expansión no arranca con grandes fortunas ni contactos de cuna, sino con un rigor interior que raramente se observa en la cúpula empresarial: la capacidad de estar presente, la vocación de sumar sin exigir recompensa y el arte de cultivar la lealtad como el tesoro supremo del mercado.
Con esa claridad, nos cuenta su hábito de estar preparado antes de que salga el sol (una lección aprendida en Medio Oriente), y el arte de construir marcas que conquistan mercados internacionales al contemplar el entorno con una fascinación genuina por el detalle. Esta postura vital lo ha convertido en el único sociofundador con presencia simultánea en dos conglomerados corporativos distintos, ambos hoy en plena expansión global.
En esta conversación íntima, conoceremos, sin reservas, al hombre que reescribe las reglas del empresariado desde Panamá, exteriorizando los cimientos de su filosofía de vida, el valor inquebrantable de la lealtad en las sociedades, la complicidad con su esposa, el recuerdo de sus grandes compañeros de vida y esa ambición serena que hoy lo impulsa a mirar hacia las plazas más exigentes del planeta.
Relaciones como moneda y la magia de la percepción
La filosofía del limón no es un adorno narrativo, sino la base de todo. Javier lo explica con claridad: “Imaginemos un limón sobre la mesa que es deseado por dos personas. Lo habitual, o socialmente correcto, sería partirlo por la mitad”. Sin embargo, en su universo, la verdadera estrategia radica en preguntar antes de cortar. “Si uno quiere la cáscara y el otro desea el jugo, cada uno se podría llevar el cien por ciento de lo que necesita. Nadie pierde. Nadie cede”. Esa lógica, simple y radical, sostiene cada sociedad que forma.
Para él, los contactos son la verdadera divisa. “La gente olvida que en los negocios las relaciones son la moneda real”. No se trata de networking calculado, sino de curiosidad genuina por el otro: sumar antes de pedir, aparecer sin que te llamen o, simplemente, dar manzanas aunque nadie las tome. “Una sociedad se parece a un matrimonio: dos personas distintas que deben aprender a leer al otro sin asumir que quieren lo mismo”.
Otra teoría interesante que trae a esta conversación es la del carro rojo: “Si los buscas, aparecen en todos lados. Si no están en tu pensamiento, pasan frente a ti y ni los ves”. Las oportunidades funcionan igual. No hablamos de optimismo ingenuo, sino de enfoque.

“Triunfar no se mide en aperturas de locales; se mide en la calidad de las relaciones que sobreviven al éxito y en la tranquilidad de saber que caminas con las personas correctas”

Esto lo llevó a convertirse en el fundador de dos grupos que hoy suman más de 30 venues en tres países y proyecta cerrar el 2032 con más de 100 sucursales. “El crédito se reparte. Nada de esto existe sin mis socios”. La clave no fue el capital inicial ni el producto, sino la forma de proyectar las marcas desde los cimientos, la visión compartida: irreverencia, estética, experiencia y una lectura profunda del consumidor. “Comemos con la vista; por eso, no escatimamos en detalles ni en experiencias”. Pero hay algo más: las relaciones. “Puedes tener la idea o el dinero; pero, sin los contactos correctos, nada despega”.
Brasil es el ejemplo perfecto: no nació de un plan en Excel, sino de una amistad forjada en su juventud al vivir en Malta. Hoy, tiene una visión de alcanzar, al menos, 60 sucursales en ese país para los próximos años. “Las relaciones sólidas abren puertas que el capital no puede comprar”. Su regla de oro para elegir socios es simple: “La visión y los valores no se negocian; el dinero sí”.
Expansión de marcas e innovación global
Su visión se sostiene en sistemas robustos que funcionan sin depender del fundador. “Cuando alguien entra como franquiciado o socio parcial a Sushark, Naked Lukas o Bad Juanito, no compra una receta, sino un modelo de negocio curado, rentable y replicable que no requiere del dueño para operar correctamente. Esa independencia estructural, basada en sistemas probados, constituye el activo más valioso de cualquier franquicia moderna”.
“A mis hijas les dejo esta enseñanza: el mundo no se conquista en solitario, se edifica con los demás; lo único que realmente permanece contigo es aquello que entregaste sin esperar nada a cambio”
Estos conocimientos los recalca a través de su nuevo proyecto: Growly, consultora y aceleradora de negocios gastronómicos y de hospitalidad, la cual nace de experiencias reales. “No sugerimos desde un escritorio, sino desde nuestro propio éxito en el campo de batalla”. De esta forma, ayuda al empresario a observar su proyecto desde una perspectiva aérea, en “modo helicóptero”, libre de la contaminación de la operación diaria para identificar fallas y oportunidades.
Estilo y presencia
Para este empresario, el vestuario y la proyección pública, lejos de representar un ejercicio de vanidad superficial, son una herramienta de comunicación estratégica y respeto por el entorno.
“La vestimenta parte de la intención. El corte de las prendas, la nobleza del lino y el uso puntual del negro comunican poder y seguridad. La forma en que te percibes define tu imagen ante los demás, y esa proyección determina cómo te recibe el mundo”. Por ello, para él, la moda, la gastronomía y los negocios comparten un mismo lenguaje: “Todos dependen de saber conectar”.
Antes de seleccionar su atuendo, se realiza dos preguntas clave: “¿Cómo me ven? y ¿cómo me siento?”. En definitiva, sin importar las tendencias pasajeras, su estilo responde a la estética atemporal de los destinos que recorre: Shanghái, São Paulo o Riad… Cada ciudad funciona como una fuente inagotable de inspiración que, además de alimentar su guardarropa, también inspira sus próximas ideas corporativas y gastronómicas.


Y justamente sus recorridos por destinos como Dubái, Malta o incluso Madrid redefinieron la escala de sus ambiciones, al trasladar a Panamá esa prisa constructiva que caracteriza a los grandes centros globales. “Como le escuché decir al jeque de Dubái: no importa si eres león o gacela, cuando sale el sol más te vale estar corriendo: al león, si no corre, se le escapa la presa y se queda sin comer; a la gacela, si no corre, la caza el león y pierde la vida. En los negocios ocurre lo mismo: la capacidad de pivotar rápido y accionar antes que la competencia decide quién prevalece”.
Y al tomar esta premisa en cuenta, ya sueña con llevar conceptos a Medio Oriente y Asia para competir con gigantes como Shake Shack o Chipotle.
La carrera contra el tiempo
Javier no concibe el 2032 como una cifra distante ni la meta de los 100 venues como una ilusión inalcanzable. Elevar la vara es, precisamente, el motor que enciende su entusiasmo por el futuro que edifica y, en consecuencia, el criterio con el que toma las decisiones del presente. “El mundo actual no premia a quien concibe la mejor idea, sino a quien la ejecuta primero y la mejora sobre la marcha. Esperar la perfección no es más que la forma más elegante de quedarse atrás”. Por ello, proyectar más de un centenar de sucursales en tres continentes trasciende la noción de una meta en la pizarra: es la consecuencia directa de operar con la prisa constructiva del león y la gacela, de ponerse en marcha antes de que amanezca.
A fin de cuentas, para Javier, dejar un legado es la cumbre de su carrera: “No construyo para obtener un triunfo efímero hoy; trabajo para que lo que edifiquemos permanezca firme cuando yo ya no esté al frente. Cada país que conquistamos y cada sociedad que cultivamos representan un cimiento de algo destinado a trascender mi propio nombre. La verdadera ambición no consiste en acumular, sino en erigir un legado que valga la pena heredar. Por eso corro: no para cruzar la meta en solitario, sino para abrir camino a quienes vienen detrás”.
El legado entrañable
Al analizar el camino recorrido entre sus raíces venezolanas y su consolidación en suelo panameño, reconoce la satisfacción de haber cumplido todo lo que se ha prometido a sí mismo, por lo que agradece la riqueza de esa doble identidad.
“De Venezuela y, en especial, de mi amada isla de Margarita, conservo la calidez humana, la cultura del afecto y esa cercanía natural con las personas. Al evocar esos orígenes, resulta imposible no recordar a mi abuelo, Igor Pieters, quien fue mi gran referente en el arte de conectar con los demás desde la empatía. Por su parte, Panamá me brindó la plataforma, la estabilidad y el ímpetu necesarios para transformar esa energía vital en empresas sólidas y en un hogar definitivo”.
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