72 horas en Chile: un viaje donde el territorio se saborea
- AUNO PANAMÁ

- hace 1 hora
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Entre Santiago, los viñedos orgánicos y el encanto patrimonial de Valparaíso, Chile, revela una ruta donde la cocina sustentable, los vinos conscientes y la cultura se entrelazan para mostrar una versión auténtica del país

Por Emily Pimentel. Fotos por cortesía de la autora
Hay destinos que se descubren con los ojos, pero se entienden con el paladar. Chile es uno de ellos. En apenas tres días, el país despliega una narrativa donde la cocina de origen, los vinos que respetan la tierra y las ciudades que guardan memoria construyen una travesía que permanece intacta más allá del itinerario. Cada parada abre una ventana distinta hacia su identidad: una que se vive, se escucha y se saborea.
A menos de dos horas de distancia entre sí, Santiago y Valparaíso ofrecen una escapada donde gastronomía, viticultura y patrimonio dialogan de manera natural. El recorrido ideal comienza en la capital chilena, continúa entre viñedos orgánicos y culmina frente al Pacífico, en las coloridas calles del Cerro Concepción.

Día 1: Santiago y una mesa con propósito
Santiago sorprende por su energía cosmopolita, sus barrios verdes y una escena culinaria que ha evolucionado con fuerza notable. En Vitacura, uno de los sectores gastronómicos más sofisticados de la ciudad, se encuentra La Mesa, el proyecto del chef Álvaro Romero, reconocido por una propuesta profundamente conectada con el entorno.
Más que un restaurante, La Mesa propone una filosofía donde la temporalidad y el origen definen cada plato. La vivencia inicia con ingredientes locales y de estación procedentes de pequeños productores, pescadores, recolectores y huerteros chilenos.
La sustentabilidad forma parte de la operación diaria. En la entrada crece una huerta urbana con hierbas, flores comestibles y vegetales utilizados en distintas preparaciones. Además, el establecimiento implementa un sistema de reutilización de agua mediante ósmosis, compostaje de residuos orgánicos a través de un biodigestor y técnicas de aprovechamiento integral para reducir al mínimo los desperdicios.
La cocina de Romero logra un equilibrio perfecto entre sofisticación y cercanía. Cada plato expresa la riqueza de la tierra sin excesos, mientras el menú se complementa con una selección de vinos y coctelería desarrollada en Verde Bar, donde cáscaras, hojas y restos vegetales encuentran una segunda vida en delicados fermentos e infusiones.

Día 2: Viñedos orgánicos y el arte de beber con conciencia
A poco más de una hora de Santiago, los valles vitivinícolas revelan otra dimensión del país. Entre ellos, Emiliana Organic Vineyards destaca como pionera en agricultura orgánica y biodinámica en América Latina.
Más que producir vino, Emiliana ha construido una filosofía agrícola basada en la biodiversidad, la salud del suelo y el respeto absoluto por los ciclos naturales. Sus campos (rodeados de flores silvestres, animales de granja y cultivos complementarios) se alejan por completo de la imagen tradicional del viñedo industrial.
Las visitas permiten recorrer jardines orgánicos, aprender sobre agricultura regenerativa y degustar etiquetas emblemáticas. Entre ellas resalta Coyam, un ensamblaje biodinámico que refleja la complejidad y elegancia del terroir chileno. La experiencia invita a desacelerar: caminar entre parras, comprender el origen del vino y redescubrir el placer de una copa asociada de forma íntima al paisaje que la vio nacer.

Día 3: Valparaíso y el encanto del Cerro Concepción
El viaje encuentra su cierre ideal en Valparaíso, ciudad portuaria declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y uno de los destinos culturales más fascinantes de Sudamérica. Dentro de sus múltiples colinas, el Cerro Concepción concentra buena parte del imaginario porteño: escaleras interminables, fachadas de chapa y colores, arte urbano y miradores abiertos hacia la inmensidad del océano Pacífico.
La mejor recomendación es caminar sin prisa. Subir a bordo del histórico Ascensor Concepción, recorrer el Paseo Gervasoni, perderse entre los murales del Pasaje Gálvez o detenerse en pequeños cafés con vista al puerto forman parte de un tránsito donde el desplazamiento ocurre tanto en el entorno como en el propio ritmo del caminante.
Hay algo profundamente coherente en terminar aquí. Después de descubrir la cocina consciente de La Mesa y los vinos orgánicos de Emiliana, el Cerro Concepción ofrece el contexto perfecto: un territorio donde historia, creatividad y autenticidad siguen marcando el pulso de Chile. En apenas setenta y dos horas, el país revela una de sus mejores versiones: la de un destino donde el lujo se mide en vivencias conectadas con el origen, el paisaje y el tiempo.
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Instagram: @emilypimentele








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