Hotel Isla Grande: un refugio entre fuego, mar y raíces ancestrales
- AUNO PANAMÁ

- hace 2 días
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En la costa panameña, esta propiedad es un santuario donde la historia murmura entre palmas, el mar revela secretos y cada instante se convierte en ceremonia. Desde faros centenarios hasta sabores afrocaribeños al fuego, este destino invita a detener el tiempo para que florezcan la belleza, la calma y el placer de vivir sin apuros

Dulce Pérez Colmenárez. Fotos por cortesía de la marca
En Hotel Isla Grande, el Caribe no se visita: se habita. Frente a playas de cristal y aguas que susurran calma, este refugio celebra la armonía entre legado, entorno y bienestar. Aquí, el lujo no se mide en ornamentos, sino en la sutileza de un servicio impecable, la quietud del alma y la conexión con lo natural.

La isla guarda joyas que no figuran en mapas turísticos. Un faro centenario (obra del mismo genio que soñó la Torre Eiffel) vigila el horizonte como testigo del tiempo. A sus pies, manglares serpentean hacia piscinas naturales donde el snorkel se convierte en rito de asombro. Aves marinas sobrevuelan jardines de cocoteros, mientras las palmas danzan con el viento como custodias de un edén reservado para quienes saben mirar.

La experiencia no se impone: fluye. Desde el kayak hasta el paddle board, cada movimiento sobre el mar tibio es una caricia al cuerpo. Aquí hay masajes frente al oleaje, partidos de beach volley sobre arena dorada o, simplemente, la ocasión para contemplar cómo el sol se funde con la costa: todo invita a habitar el presente con gratitud.
Cuando cae la tarde, el hotel se transforma. La coctelería acompaña una propuesta gastronómica que honra la herencia afrocaribeña. Bajo la guía del chef Mauro Lorenzo, los sabores se intensifican: raíces, brasas y tradición se funden en platos que cuentan historias al ritmo del mar, la brisa y el fuego. Cada cena es un homenaje a la cultura viva del Caribe profundo.

Hotel Isla Grande no es un escape: es un regreso a lo esencial, lo auténtico y lo que permanece. Diseñado para quienes buscan aventura con sentido, descanso real y una inmersión cultural sin artificios, este rincón del litoral panameño es un canto a la vida lenta, al goce consciente y a la belleza que no necesita filtros.
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