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El movimiento como acto de amor propio

El bienestar se transforma en un momento de valentía cuando eliges cuidarte, respetas límites y reconectas con la esencia personal


Karina Romero. Fotos por Luis Gómez @gomezsufilms


Hace poco leí una frase que me acompañó durante días: el bienestar como acto de valentía. ¡Qué cierto resulta! Se necesita coraje para escuchar lo que el cuerpo pide, reconocer límites, honrar tiempos y avanzar sin compararse.


La intención ya no es “estar fit”, sino hallar paz en la propia piel: moverse por cariño, no por castigo; alimentarse para nutrirse, no para castigarse. Al final, cuidarse es una decisión valiente que se practica cada día con propósito.




Panamá se prepara para la temporada de regalos y verano. En estos meses solemos ver el bienestar como una moda pasajera, incluso como un lujo. Muchos se lanzan a ese viaje (y me incluyo) siguiendo el sueño perfecto sacado de Pinterest: el outfit estético del día, el termo gigante convertido en compañero emocional, rutinas de skincare y jugos verdes que prometen milagros. No es crítica. Yo también tengo mi termo enorme, mi conjunto favorito y mi jugo, aunque rojo con tomate de árbol. Estos rituales, aunque parezcan caprichos, nos ofrecen estructura, motivación y una sensación de orden que la mente agradece.


Tras más de quince años acompañando a personas y organizaciones como especialista en bienestar y felicidad, he presenciado transformaciones profundas: clientes que comienzan diciendo “no quiero entrenar” y semanas después me escriben emocionados: “¡Kari, mira los suplementos que quiero probar y el outfit nuevo que compré!”.


Y es que cuando tus pasiones reciben dedicación, recursos y energía emocional, se abre la puerta a la transformación real. Un acto de valentía que pocas veces celebramos.




El movimiento puede salvar vidas

En una charla de salud mental escuché un dato revelador: una de cada cuatro personas enfrenta un desafío emocional sin herramientas para manejarlo. Este año, particularmente retador, sentí que toda mi experiencia dedicada al bienestar me preparaba para la tormenta.


Hubo días en los que la mente se apagó y la productividad desapareció (porque incluso los más fuertes atraviesan momentos oscuros) y justo ahí me escuché. No me juzgué. Tomé acción. Hablé. Descubrí algo poderoso: cuando expresas en voz alta lo que duele, el mensaje cambia; deja de ser ruido atrapado en tu cabeza y se convierte en algo que puedes mirar, nombrar y empezar a sanar.


Incluso en los días más difíciles elegí moverme. Si el cuerpo pedía ir más lento, iba más lento. Pero me movía.


Honro a quienes se mueven y abrazo con empatía a quienes aún no encuentran fuerzas. No se juzguen; regálense la oportunidad de caminar mientras el sol llena la piel de vitamina D y el corazón late con más fuerza. Ese instante de respiro auténtico despierta sonrisas espontáneas, da calma interior y la posibilidad de reconectar con lo que realmente sostiene.

 



Recomendaciones:

· No te culpes por proteger tus espacios y dedicarte tiempo.

· Rodéate de personas que sumen y te impulsen hacia tu mejor versión.

· Respeta los límites de tu cuerpo y tu mente: si estás enfermo, descansa; si tienes una lesión, baja la intensidad; si tu ciclo lo pide, suaviza el ritmo.

· Elígete desde el amor, el autoconocimiento y el respeto.

 

Cada vez somos más quienes decidimos sanar, crear rutinas de bienestar, movernos, poner límites y decir lo que duele. Reconocer que sentirse mal no es señal de debilidad, sino de humanidad. Un simple “me estoy eligiendo” es un regalo capaz de transformar vidas.

 

Con cariño, Kary.

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