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La bella vista del ciudadano de a pie

Vivir las escalas urbanas, los espacios abiertos y la relación de la arquitectura con el entramado de la ciudad solo se puede hacer si, como ciudadanos, nos damos la oportunidad de bajarnos del carro y hacer vida en el barrio caminando sus laderas. Desde mi llegada a Panamá, ya hace cinco años, he escuchado decir repetidas veces que nuestra ciudad no es para el transeúnte. Y si bien es cierto que vivimos en el trópico ardiente y que las temperaturas y la humedad nos hacen más difícil el paseo, tengo que decirles que la Panamá de a pie sí existe y que no la podemos dejar perder. Es por esto que, hoy, me atrevo a invitarlos a través de esta lectura a un paseo por mi barrio: Bella Vista


Humberto Pappaterra |Fotografía por Juan Vírgüez


En Bella vista, convergen los vestigios de algunas joyas del pasado, la vegetación imponente de nuestra selva tropical y la contemporaneidad de una Panamá en desarrollo. Comencemos por su Parque Urracá, punto de encuentro para los que aquí vivimos. No importa cuáles sean tus intereses o estilo de vida, en este espacio se hace vida de barrio, dando respuesta no solo a las necesidades individuales de los que aquí vivimos, sino también convirtiéndose en el centro de muchas actividades culturales y deportivas que involucran a otras comunidades de la ciudad. Este nodo vegetal, como punto focal, no solo nos conecta con el desarrollo de la Cinta Costera, sino que además resguarda y les da respiro a dos joyas arquitectónicas neocoloniales: los edificios Hispania y Sousa.



El Sousa, de color amarillo, se ubica en la esquina noroeste del Parque Urracá, enmarcando lo que, para mí, es una de las más bellas vistas de mi barrio. Data de 1935 y se caracteriza por sus arcadas, el uso de la piedra e imponentes balcones. Al lado, y compitiendo en protagonismo, se levanta el Hispania. Este, también de arquitectura neocolonial de 1935, impacta con su color rosado y sus detalles en azulejos. Ambos edificios fueron diseñados por los arquitectos norteamericanos Wright y Schay, y representan, hoy, una de las vistas más preciadas de este recorrido sin dejar atrás el Museo, Biblioteca y Archivo de Ricardo J. Alfaro, donde se guarda la preciada información de este importante estadista panameño.



No hemos aún recorrido más de una cuadra y no se pueden dejar de explorar todas las calles aledañas al parque, las cuales albergan situaciones urbanas impactantes: edificios contemporáneos de alturas increíbles al lado de casas de madera de arquitectura canalera.


Por aquí también se puede ver el hostal 1914, obra que sobrevive entre dos edificios con sus vestigios neocoloniales, que ofrece con su personalidad actividades gastronómicas y lúdicas los fines de semana. Bares para conversar, compartir o bailar, sin importar cuál sea tu estilo de vida, aparecen en el contexto de cuatro cuadras para darnos la opción de disfrutar cerca de casa. Esto sin contar la oferta gastronómica sin pretensiones, las tiendas de mascotas y la cantidad de servicios que nos facilitan la vida a todos los del barrio y que nos incentivan a bajarnos del carro y a conseguir todo a pasos de distancia.


Hoy, estoy seguro de que no hay mejor punto de encuentro y convergencia que el de mi barrio; por ello, sin lugar a dudas, afirmo que debemos apreciar lo que el pasado nos regaló, entender que una ciudad sin árboles es mucho más caliente y concientizar que el desarrollo es planificable y la convivencia imprescindible. ¡Hoy me atrevo a decir que no hay más Bella Vista que la del ciudadano de a pie!


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