Venao: la ruta donde el camino también es destino
- AUNO PANAMÁ

- hace 1 día
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Una crónica de carretera por la península de Azuero. El mapa definitivo de las paradas indispensables, la cocina local y esa atmósfera que convierte a Playa Venao en el destino inevitable del adulto contemporáneo

Por la Sra. D. Fotos por cortesía de las marcas mencionadas
Hay viajes que comienzan antes de llegar. Rutas donde cada parada cuenta una historia, el sabor despierta memoria y un paisaje abre un espacio distinto dentro de uno mismo. Playa Venao es uno de esos destinos: un lugar donde la carretera se vuelve parte de la experiencia y donde la mezcla entre mar, cultura y energía crea una conexión que permanece mucho después del regreso.
En la península de Azuero, a casi 360 kilómetros de Ciudad de Panamá, se encuentra Playa Venao, una localidad con identidad propia y una energía particular. Hasta hace poco más de una década era un secreto reservado para surfistas, y hace unos meses se convirtió en sede del surf durante los Juegos Suramericanos de la Juventud.
Se puede llegar en avión aterrizando en el aeropuerto de Pedasí o manejar desde la capital durante cinco horas. Esta última opción permite disfrutar paradas que no forman parte del recorrido habitual por su distancia. La recomendación es no salir demasiado temprano, evitar desayunar y llevar solo el café para aprovechar cada alto en el camino.

En la carretera Interamericana han surgido espacios que capturan el sabor panameño, desde frituras hasta platos criollos. La primera parada es Panadería La Lupita, un clásico con más de cincuenta años donde la enchilada de carne y el sándwich en croissant marcan el inicio del viaje. En Lulú Restaurante y Delicias Margot se encuentran hojaldres, tortillas, chorizos y opciones criollas. Más adelante aparece el infaltable Quesos Chela con sus empanadas y chichas.
Parte de no salir temprano es aprovechar la oportunidad de almorzar en Rincón de Los Camisones, un restaurante español con más de treinta y cinco años en el kilómetro 104. Sus paellas, langostinos a la sal y patacones son una parada obligatoria.
Si se desea continuar un poco más, Penonomé guarda un secreto en su pub bar: Gambrinus. Un lugar conocido por hamburguesas y alitas que han destacado en Burger Week y Wings Week, acompañado de cerveza artesanal.

Al entrar al área de Azuero aparecen paradas esenciales antes del destino final. Tu Fonda Gourmet ofrece el sabor de la cocina del interior: chicharrones memorables, empanadas de chorizo, carne asada, chichas y productos tradicionales como cocadas, duros y rosquitas.
En la provincia de Los Santos vale la pena detenerse en el Parque Porras, que luce distinto fuera de carnaval. Se puede visitar la iglesia de Santa Librada, patrona de Las Tablas, y disfrutar un helado de pipa del vendedor de la esquina.

El tramo entre Las Tablas y Playa Venao regala paisajes que relajan y transportan. La campiña se mezcla con el cielo y el aire del campo aporta una sensación de pureza difícil de encontrar en la ciudad.
Pedasí merece una parada. Es pintoresco, lleno de tradición y punto de partida hacia Isla Iguana desde Playa El Arenal. Este parque nacional ofrece aguas cristalinas y fauna particular como iguanas negras, cangrejos y peces poco comunes.
Al acercarse a Playa Venao, el paisaje comienza a envolver. La pradera se abre hacia el mar, las olas dibujan el horizonte y los nuevos edificios muestran cómo una joya oculta ganó relevancia y adoptó a visitantes que ahora se sienten locales.
Las opciones de hospedaje son variadas. Para quienes buscan descanso sin alejarse de la acción, Villa Marina destaca por su ubicación y por la tranquilidad que ofrece la ensenada.

Al llegar al centro se percibe una vibra multicultural y un ambiente relajado que invita a caminar en camisetas, shorts y sandalias. Calles de tierra, espacios abiertos y propuestas gastronómicas diversas: PanAr, una panadería argentina con medialunas y empanadas artesanales; Coleos, un restaurante con influencia mediterránea y asiática donde el pad thai y el hummus sorprenden.
Al caer la tarde, La Barca ofrece una experiencia sensorial inolvidable: un cóctel frente al atardecer, pies descalzos en la arena y el sonido del mar que crean un momento perfecto.
Para una cena con más profundidad está De Mar, de Andrés Morataya, un guatemalteco de corazón panameño que adoptó la frase “santeño quisiera ser aquel que no nació santeño”. El menú destaca producto local fresco: conchas negras rellenas de chorizo, langostinos, pulpo y un postre de cacao artesanal con un toque inesperado.

Después de la cena, la noche continúa con fiestas de pies descalzos, música electrónica y opciones crossover. Algunos prefieren descansar para aprovechar las olas en la mañana y luego disfrutar un desayuno de shakshuka y buen café frente al mar en El Sitio.
Antes de partir, un chapuzón en la piscina ayuda a cerrar el viaje. En el camino de regreso es imprescindible detenerse en la Panadería Eben Ezer para comprar el famoso Pan de la Arena, un producto con historia, sabor y textura distintiva. También es buen momento para adquirir melón y sandía, ya que en Chitré se encuentran algunos de los mejores cultivos del país.
Al volver a la carretera Interamericana, una última parada para agua de pipa y un helado de coco cierra con broche de oro la expedición.
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