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Lago di Garda: El arte de disfrutar la vida sin prisa

hace 1 hora
2 min de lectura

Desde la serenidad de una estancia en Torri del Benaco hasta castillos medievales sobre el agua, joyas gastronómicas en Sirmione y paseos en barco por l’Isola del Garda, esta ruta combina naturaleza, cultura y el encanto de la dolce vita


Gisele del Río. Fotos por cortesía de la autora


Hay paisajes que no solo impactan la vista, sino que calan profundo en la memoria y transforman el ritmo con el que respiramos. El Lago di Garda posee esa magia poética: un refugio de aguas cristalinas donde el tiempo parece detenerse para regalar momentos de paz entre imponentes montañas, castillos antiguos y atardeceres dorados.


A tan solo un par de horas de Milán y de las Dolomitas, Italia, este destino representa el equilibrio perfecto entre la vida urbana y la naturaleza alpina. Antes de definir la zona de estancia, la búsqueda de hoteles llevó al hallazgo de Borgo San Sonnea, ubicado en Torri del Benaco.




El concepto enamora a primera vista: un santuario único para descansar en familia, donde la sensación de hogar es inmediata. La propiedad cuenta con varios apartamentos, cocina equipada y un huerto disponible para preparar cenas especiales frente a maravillosas vistas hacia el agua desde la montaña.


Durante la segunda tarde, el itinerario incluyó una caminata por el centro del pueblo, a la orilla del lago, con una parada en el Castello Scaligero, una fortaleza medieval del siglo XIV. La jornada concluyó con una cena en la Osteria La Barchessa, donde la propuesta culinaria resultó exquisita sobre una terraza construida literalmente sobre la superficie acuática.




Al tercer día, tras un desayuno al aire libre en el jardín, el rumbo fue hacia Sirmione, al sur del lago. En este enclave aparece un castillo espectacular rodeado de agua y cisnes blancos, en un paisaje idéntico a una postal de cuento de hadas. Al pasear por los alrededores, surgió el restaurante O’Sarracino, lugar donde sirven una pizza memorable de bordes perfectos, además de pastas y pescados de calidad superior. El trayecto de regreso al hotel tomó dos horas, el margen exacto para contemplar la caída del sol sobre la cordillera y disfrutar de un baño con vista panorámica.

 



El cuarto y último día reservó un paseo en barco hacia l’Isola del Garda, un plan imprescindible para apreciar la inmensidad de la zona desde la corriente. La isla cautiva gracias a la imponente Villa Borghese Cavazza, un palacio de estilo neogótico veneciano del siglo XX rodeado de parques naturales y jardines italianos. El inmueble pertenece a la familia Cavazza y ofrece visitas guiadas privadas.


Para una travesía completa, la ruta ideal consiste en volar a Milán, alquilar un automóvil para ascender hacia las Dolomitas, descender al Lago di Garda y culminar en Verona en un viaje de al menos diez días. Y es que, definitivamente, Italia es un territorio fascinante para recorrer de norte a sur.

 

Sígueme en: @giseledelrio

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